Santo del Día

SAN JUAN CRISÓSTOMO

San Juan Crisóstomo arzobispo de Constantinopla, conocido como "Crisóstomo" que significa: "boca de oro", por sus apreciadas predicaciones. Nació en Antioquía (Siria) el año 347. Era hijo único de un gran militar y de santa Antusa.
Juan deseaba mucho irse de monje al desierto, y al morir su madre, fue allá, estuvo seis años rezando, haciendo penitencias y dedicándose a estudiar la S. Biblia. Ayunos, penitencias y la humedad dañaron su salud, entonces el superior de los monjes le aconsejó debía ser útil también en medio de la sociedad.
La ciudad de Antioquía tenía unos cien mil cristianos, Juan empezó a predicar. Sus sermones están coleccionados en 13 volúmenes. Era un verdadero pescador de almas. Trataba temas elevados y descendía a las realidades de la vida diaria. Se enfrentaba enardecido contra los vicios y los abusos. Fustigaba y atacaba implacablemente al pecado. Pronto se vieron los frutos de conversión.
En el año 398, fue nombrado Arzobispo de Constantinopla. Apenas posesionado de su cargo mandar quitar los lujos, con la venta ayudó a muchos pobres que pasaban terribles necesidades. Y lo mismo fue exigiendo a sus sacerdotes y monjes: ser pobres en el vestir, en el comer, y en el mobiliario, y así dar buen ejemplo y con lo que se ahorraba en todo esto ayudar a los necesitados.
Eudoxia la emperatriz se unió con un terrible enemigo que tenía Crisóstomo, y era Teófilo de Alejandría. Este reunió un grupo de los que odiaban al santo y lo acusaron de gastar los bienes de la Iglesia y repartir entre los pobres.
San Juan Crisóstomo quedaba condenado al destierro. Al saber tal noticia, un inmenso gentío se reunió en la catedral, y Juan Crisóstomo renunció uno de sus más hermosos sermones. Decía: "¿Qué me destierran? ¿A qué sitio me podrán enviar que no esté mi Dios allí cuidando de mí? ¿Qué me quitan mis bienes? ¿Qué me pueden quitar si ya los he repartido todos? ¿Qué me matarán? Así me vuelvo más semejante a mi Maestro Jesús, y como El, daré mi vida por mis ovejas..."
Ya prisionero, le hacían caminar kilómetros y kilómetros cada día, con un sol ardiente, lo cual lo debilitó muchísimo. El trece de septiembre, después de caminar diez kilómetros bajo un sol abrasador, se sintió muy agotado. Se durmió y vio en sueños que San Basilisco, le decía: "Animo, Juan, mañana estaremos juntos". Se hizo aplicar los últimos sacramentos y sus últimas palabras fueron “Sea dada gloria a Dios por todo" y entregó su alma a Dios. Era el 14 de septiembre del año 404.
Roguemos para que Dios nos siga enviando muchos predicadores como él.

RSR- LPB (Redactado de EWTN)

EVANGELIO DEL DÍA
Mt. 9,9-13

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