Misa por la Nacion en el Santuario del Señor de los Milagros

«Nuestra respuesta como pastores, como dirigentes, como representantes tiene que ser siempre escuchar y responder después de haber escuchado, y hacerlo de forma profunda, atendiendo los latidos más hondos», comentó el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Mons. Carlos Castillo durante su homilía en la Misa por la Nación celebrada en la Iglesia las Nazarenas. Al finalizar pidió un momento de silencio para reflexionar juntos «cómo yo puedo ser un milagro para mi pueblo».

Monseñor Castillo explicó que la lectura del Evangelio de Lucas (11,27-28) narra el gesto de una mujer en medio de una «multitud inspirada por la Palabra de Jesús» que levanta la voz para elogiar, alabar y bendecir al Señor, pero lo hace en forma indirecta bendiciendo a su madre: [ Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. ]

Ante ello, la actitud de Jesús es escucharla, «no desprecia las palabras de esta mujer, sino que las valora, y las mejora, mejora su sentido de bendición alentando a ella y a su pueblo para que profundice esas palabras»: [ Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. ]

Estas palabras en la Misa por la Nación nos ayudan a aprender a escuchar como Jesús, a interpretar el sentir profundo, el latido profundo que está detrás de sus palabras, porque detrás de eso está la inspiración de Dios, del pueblo que escucha a su Señor y que también desde el corazón de sus problemas quiere una respuesta.
Escuchar y profundizar: labor de todo pastor
«Escuchar la voz del pueblo y profundizar en su sentido es la labor de todo pastor – continuó – y aquí pastor no solamente significa aquellos que ejercemos como pastores de la Iglesia, sino la labor de todo dirigente, de todo representante, de toda autoridad, de todo profesional, de todo alcalde, de todo obispo, y de todo presidente».

Nuestra respuesta como pastores, como dirigentes, como representantes tiene que ser siempre escuchar y responder después de haber escuchado, y hacerlo de forma profunda, atendiendo los latidos más hondos.

El Primado del Perú también recordó las palabras del Papa Francisco en el reciente encuentro que sostuvo con los tres nuevos pastores de la Iglesia de Lima:
[ Necesitamos obispos capaces de escuchar el latir de las comunidades, de sus sacerdotes – dijo el Papa – pastores que no se contentan con presencias formales, reuniones de agendas o diálogos de circunstancias. A mí me vienen en mente pastores que se preocupan tanto de sí mismos que parecen agua destilada, que no sabe a nada. Se necesita pastores de la escucha que también sepan prestar oído inclusive a lo que no es agradable oír. Por favor, no se rodeen de lacayos y yes men… los sacerdotes “trepadores” que buscan siempre algo.. no, por favor ]
El milagro de ser una esperanza para nuestro pueblo
«Nosotros como cristianos que acompañamos el recorrido de Jesús por nuestras calles también estamos llamados a escuchar primero la Palabra de Dios, y es necesario reflexionarla, pensar mejor las cosas, saborear la Palabra, recapacitar y luego practicar lo que Él nos dice», acotó.

«Se trata de reconocer los milagros que Dios ha hecho en nuestras vidas, pero también el milagro más grande que es Jesús, y además practicar a Jesús, sobre todo en los momentos que vivimos en que todos estamos en un proceso real de repensamiento y de cambio».

Necesitamos escuchar para dejarnos inspirar y practicar lo adecuado y justo. Eso es especialmente para todos los que son dirigentes del país, dejando de lado nuestras estrecheces y miserias, adquiriendo la apertura del ancho corazón de Jesús que no mezquina, sino que sale al encuentro del otro que dialoga y reconoce lo que es justo y adecuado hacer.

El Arzobispo de Lima mencionó el lema pastoral de octubre con motivo del mes del Señor de los Milagros: Peruana, peruana. Limeño, limeña. ¡Sé tú un milagro para tu pueblo! – y explicó que no sólo hemos recibido milagros de Jesús, también hemos recibido «la misión de la dicha de compartir esos milagros en la esperanza de que, si todos nos entendemos como un milagro para el otro, podemos rehacer nuestro ser para darnos enteros, dando lo mejor que tenemos cada uno».

La misión de ser un milagro para nuestro pueblo supone reflexionar «cuántas heridas tenemos», pero también «cuántos valores y cuántas cosas interesantes tenemos para compartir con los demás».
Anchura de corazón para superar dificultades
Monseñor Castillo resaltó que, a pesar de nuestras posiciones y maneras de pensar, «justamente por ser hijos y ser peruanos», aún tenemos la capacidad de «salir de nosotros mismos» para reconocer al otro en medio de las diferencias – «en eso está la grandeza de nuestra fe».

«Hoy agradecemos al Señor que no se bajó de la cruz» – precisamente ésa fue la última tentación de Jesús: bajarse de la Cruz para demostrar que es «poderoso» y vengativo contra sus enemigos:

Jesús no se bajó, decidió mostrar que el rostro de Dios es el camino del amor, del perdón, del encuentro y de la apertura, y se puso encima de la agresión de sus enemigos para traer la promesa de mostrar que Dios es un Dios noble, que es Padre de todos y nos permite caminar juntos.

Esa firmeza del Señor para «aceptar inclusive al enemigo» y «poderlo cambiar» es la que hoy nos pide Jesús. Ésa es la actitud pedagógica que el Señor nos enseña incluso al recibir una bofetada, y en vez de «responder con otra cachetada», elige la palabra: [Si he pecado dime en qué, y sino por qué me pegas] – recordó el obispo de Lima –

La palabra es capaz de transformarnos a todos, insistamos en la palabra, y qué grande es que todavía estemos por caminos democráticos en donde eso va ser posible

Antes de concluir, Monseñor Castillo pidió un momento de silencio para reflexionar juntos en «cómo yo puedo ser un milagro para mi pueblo»:

«Que Dios nos ayude en este camino. Pidamos hoy para que la Patria dialogue, para que las heridas que hay las superemos, para que nos comprendamos y nos apreciemos, no nos despreciemos», concluyó.

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